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«Tesoros de la Fe» Nº 190

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Superioridad de
la civilización cristiana

Plinio Corrêa de Oliveira

Marajá Bhagwatsinhji

En oriente, las piedras preciosas son más bonitas y de mejor quilate; su subsuelo es más rico en ese género de esplendores. Las perlas del Oriente son de una belleza incomparable. Así, los orientales pueden constituir para sí ornatos mucho más ricos que los príncipes de Occidente.

Los orientales también disponen de tejidos hechos a mano de una calidad muy superior en general a los fabricados por medios industriales en Occidente. De modo que, bajo el punto de vista de la indumentaria, los orientales se presentan de modo superior a los occidentales.

Tanto más cuanto que ellos tienen una cierta fantasía y no son inhibidos por prejuicios revolucionarios, atemorizados de parecer demasiado maravillosos.

Los occidentales tiene temor de parecer demasiado maravillosos. Examinen, por ejemplo, los trajes diplomáticos, los uniformes de los militares, generales, mariscales, etc., del siglo XIX y compárelos con los del siglo XX… Hubo una decadencia notable.

En el siglo XIX, unos y otros usaban bicornios —aquel sombrero de dos picos— con alas que se recogen hacia arriba, con plumas blancas. Las ropas eran bordadas con alamares, los terciopelos eran extraordinarios. Pero actualmente el hombre occidental tiene vergüenza de presentarse con aquellos trajes, porque el espíritu revolucionario acható todas las tendencias hacia lo bello.

Emperador Francisco José I

Al contrario, en Oriente eso no fue así, al menos hasta que apareció ese apóstol de la miseria y de la suciedad que fue Gandhi. Pero, en realidad, por encima de todo esto había una clase que soñaba con lo maravilloso. Eran los marajás, rajás, shas, jedives, sultanes, ulemas, etc., que se presentaban con lindos trajes.

Sin embargo, examinando a estos orientales paganos, veremos que son inferiores a los hombres de Occidente católico. ¿Por qué? Porque durante siglos, desde que la Iglesia Católica penetró en Occidente, comenzó a germinar la moral católica. Y cuando consideramos a una persona que observa en todos sus pormenores la moral católica, esa persona o sus descendientes, son portadores de una educación y de un porte que tiende a la perfección.

Una persona que practique la moral católica perfectamente, aunque no haya recibido una educación de salón, pero aplica los principios de la moral a cuestiones de buen procedimiento, al cabo de algún tiempo esos principios se filtran y nace de ahí una actitud, una distinción, una amabilidad, una cortesía, que en el fondo hace parte de la moral católica.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 230 / Febrero de 2021

Sta. Bernadette Soubirous
La vidente de la Virgen de Lourdes

Urna de cristal con los restos mortales de santa Bernadette Soubirous, en la capilla del antiguo convento de Saint-Gildard, en Nevers (Francia)



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Santoral

27 de febrero

San Leandro, Obispo

+aproximadamente 600, d.C. + Sevilla (España). Hermano de San Isidoro, abrazó muy temprano el monacato y fue electo obispo de Sevilla, el año 579. Desempeñó un papel importantísimo en la historia religiosa de la península ibérica, salvándola del arrianismo. El Papa San Gregorio Magno le dirigió algunas cartas, en las cuales manifiesta el gran afecto que le tributaba.

Más información aquí.

P. Fr. Antonio de la Calancha OSA

+(1584-1654) Perú. Religioso y cronista agustino, natural de La Plata. Autor de la Crónica Moralizada del Orden de San Agustín en el Perú. “Calancha, además de ser uno de los mejores y más conocidos cronistas peruanos, su obra, en líneas generales, pasa por ser la primera de las crónicas de los agustinos del Perú, a la par que única y ejemplar en cuanto a contenido, método y proyección cultural”.








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