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«Tesoros de la Fe» Nº 205

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El secreto de confesión amenazado

Paulo Henrique Américo de Araújo

EN LOS ÚLTIMOS MESES, noticias sobre abusos sexuales por miembros del clero ganaron una vez más gran destaque en la prensa. Las evidencias existen, aunque sean habitualmente acompañadas por exageraciones de los medios de comunicación. Escándalos como los revelados causan indignación y tristeza en todos los católicos verdaderos, pero sobre todo en el corazón maternal de María Santísima.

En estos momentos en que el público se manifiesta chocado con el noticiero, surgen los propagadores de falsas soluciones, encumbrándose como defensores de la moral infantil y juvenil, repitiendo la vieja cantilena de que la Santa Iglesia debe cambiar sus instituciones y disciplinas. El celibato sacerdotal y la organización jerárquica de la Iglesia se convierten en los blancos preferidos de tales detractores y fabricantes de falsas soluciones.

Curiosamente, la prensa anticatólica pasó a pontificar contra los abusos sexuales de miembros del clero. Sin embargo, es público y notorio que desde hace mucho tiempo ella destaca como la mayor promotora de la perversión sexual de niños, jóvenes y adultos. Basta ver el amplio espacio que dedica a la inmoralidad en la televisión, en el cine, en internet; a la educación sexual y enseñanza de la ideología de género en las escuelas; a la pornografía y a incentivar los desvíos sexuales en todos los vehículos de publicidad. Siendo esa prensa la gran propagadora de los errores morales, ¿con qué derecho habla pestes de los que practicaron esos mismos errores? Deberían entender que una inevitable consecuencia de la propaganda que hacen de la inmoralidad y de la liberalización de las costumbres, es la penetración de esa inmoralidad en los propios seminarios, minando en la base la tradicional exigencia de la castidad y pureza de las costumbres en el clero. Todo eso, duele también decirlo, con la connivencia o complicidad de altos Prelados.

La solución para la crisis moral del clero no se encuentra en la deconstrucción de las costumbres e instituciones católicas milenarias, sino en su vigorosa reimplantación. Agréguese la necesidad de acentuar la noción del pecado, del bien y del mal. Sin eso, cualquier medida para encontrar, denunciar y castigar a los eventuales culpables de abusos sexuales dentro de la Iglesia será inocua.

Ante este cuadro, bien se pueden aplicar las palabras de Plinio Corrêa de Oliveira en una meditación del Via Crucis: “¿Cuántos son los que realmente ven el pecado y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle paso a paso el terreno, erguir contra él toda una cruzada de ideas, de actos, de viva fuerza si fuere necesario? ¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares donde campea la impiedad o la falsa piedad? ¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico, como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?”.1

Los sacerdotes en Australia están “dispuestos a ir a la cárcel” antes que violar el secreto de confesión

Inviolabilidad del secreto de confesión

Sin embargo, la actual ofensiva contra la Iglesia se aprovecha de los escándalos sexuales para avanzar aún más en su obra destructora. Pretende incluso quebrar el sigilo del sacramento de la confesión. En junio de este año, el territorio de Camberra, en Australia, aprobó una ley que obliga a los sacerdotes católicos a revelar a la policía el secreto de confesión, cuando algún fiel declare pecados en materia de abusos a menores. La norma entrará en vigor a partir del 31 de marzo de 2019.2

Actualmente, el alcance de esa ley anticatólica es regional, pero ya se piensa en su ampliación a la esfera nacional. La información es del vaticanista Sandro Magister: “El primer ministro de Nueva Gales del Sur, uno de los seis estados que forman la federación australiana, ya ha pedido que la ley sea debatida y aprobada a nivel federal, haciendo que sea válida para todo el país”.3

El clero católico, como es su deber, reaccionó con firmeza. El padre Michael Whelan, párroco de la iglesia de San Patricio en Sydney, aclaró que el Estado no puede constreñir a los sacerdotes católicos a practicar el más grave de los crímenes. Y añadió que él y otros sacerdotes están “dispuestos a ir a la cárcel” antes que violar el secreto de confesión.4

La Fraternidad Australiana del Clero Católico (Australian Confraternity of Catholic Clergy – ACCC), asociación privada de sacerdotes, afirmó que el secreto sacramental “no es meramente una cuestión de derecho canónico, sino de la Ley Divina, de la cual la Iglesia no tiene poder para dispensar” y que “ningún sacerdote está obligado a cumplir cualquier ley humana que intente socavar la confidencialidad absoluta de la confesión”.5

Es importante recordar la firmeza con que la Iglesia trata el sigilo sacramental. El canon 984 del Código de Derecho Canónico prohíbe terminantemente al confesor hacer uso de cualquier información oída en confesión. El canon 1388 señala que “el confesor que viola directamente el sigilo sacramental, incurre en excomunión latæ sententiæ reservada a la Sede Apostólica”; es decir, además de ser automática, la excomunión solo puede ser levantada por el Papa.

San Pío de Pietrelcina atendiendo a penitentes en el confesionario

Además de inicua, la ley favorece el abuso

Cualquier iniciativa para violar esta sagrada institución representa una grave violación a la libertad de la Iglesia Católica. En otras palabras, se trata de una persecución religiosa bajo la capa de legalidad. Como si esa tiranía legislativa no bastara, algunos miembros del clero australiano la consideran también ineficaz. La Fraternidad Australiana del Clero Católico registró una gravísima contradicción: los pecadores dejarán de confesar el acto inicuo, y en consecuencia permanecerán sin los recursos penitenciales y sobrenaturales para evitar su reincidencia. Como resultado evidente, la ley acabará aumentando los crímenes que pretende evitar.

Por lo demás, en caso que algún sacerdote católico se disponga a denunciar a un eventual confidente, ¿cómo podrá tener la seguridad de su identidad? Pues es sabido que en la mayoría de los casos las confesiones son hechas a través de la reja del confesionario, y en esa situación es difícil el reconocimiento de cualquier persona. ¿Exigirá la nueva ley que el confesor pregunte el nombre al penitente? ¿Cuántas otras situaciones angustiosas surgirán de ahí? Los absurdos de la ley se van superponiendo unos a otros.

Ante esta oleada, una pregunta más se impone: ¿estarán los sacerdotes australianos —y eventualmente los del mundo entero— dispuestos a mantener el secreto de confesión a toda costa, incluso al precio de la propia vida? Otros ya lo hicieron en el pasado…

Mártires del sacramento de la confesión

Tal vez el caso más conocido de martirio por fidelidad al sigilo sacramental sea el de san Juan Nepomuceno, a mediados del siglo XIV.6 Siendo arzobispo de Praga y confesor de la reina Sofía, esposa del rey Wenceslao. El soberano se consideró en el derecho de exigir que le revelara la confesión de su mujer. Ante su negativa, en un ataque de cólera, Wenceslao lo amenazó de muerte. Posteriormente, se aprovechó de una querella con el santo sobre bienes de la Iglesia como pretexto para torturarlo y arrojar su cuerpo al río Moldava. Recogido por la población local, el cuerpo fue sepultado cristianamente.

En el siglo XX, durante la persecución a los católicos en México, el padre Mateo Correa Magallanes fue fusilado por las autoridades del gobierno pro-comunista, por negarse a revelar las confesiones de prisioneros resistentes, convirtiéndose en mártir del sigilo sacramental. Por el mismo motivo, los padres Felipe Císcar Puig y Fernando Olmedo Reguera fueron martirizados durante la Guerra Civil Española, en la década del 30.

En la estela de protestas generalizadas contra los abusos sexuales practicados por miembros del clero, pueden estar siendo articuladas persecuciones como estas y muchas otras. Todos los católicos lamentamos y repudiamos los eventuales abusos. Pero también deseamos y esperamos, que si la presente persecución contra la Iglesia llegara a tales extremos, los ejemplos registrados por la historia sirvan de modelo para los clérigos de nuestros días.

 

Notas.-

1. http://www.fatima.pe/pagina-137-via-crucis-vii-viii-ix-estaciones.

2. https://revculturalfamilia.blogspot.com/2018/08/sacerdotes-australianos-preferen-prisao.html.

3. https://infovaticana.com/blogs/sandro-magister/la-iglesia-bajo-ataque-fuera-de-la-ley-el-sacramento-de-la-confesion/.

4. https://www.aciprensa.com/noticias/iremos-a-la-carcel-antes-que-romper-secreto-de-confesion-aseguran-sacerdotes-en-australia-30473.

5. https://www.aciprensa.com/noticias/por-que-mas-sacerdotes-de-australia-se-niegan-a-romper-el-secreto-de-confesion-62750.

6. https://www.aciprensa.com/noticias/4-sacerdotes-que-defendieron-hasta-el-extremo-el-secreto-de-confesion-95756.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 212 / Agosto de 2019

La Revolución Francesa
Autora de los crímenes más monstruosos

Ejecución de Luis XVI, Georg Heinrich Sieveking, 1793 – Grabado alemán



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