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«Tesoros de la Fe» Nº 51 > Tema “Las Virtudes Principales y de otras cosas necesarias que debe saber el cristiano”

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Las Virtudes Principales


Ciertos temas publicados en esta sección han servido al mismo tiempo como materia de lectura espiritual y como ayuda para la formación doctrinal de nuestros lectores. Son precisamente de ese género los temas que pasaremos a tratar en éste y en los siguientes artículos: «Las virtudes principales y de otras cosas necesarias que ha de saber el cristiano», extraídas del famoso
«Catecismo Mayor» de San Pío X.¹


1.- De las virtudes teologales

Virtud es una cualidad del alma que da inclinación, facilidad y prontitud para conocer y obrar el bien.

Las principales virtudes sobrenaturales son siete: tres teologales y cuatro cardinales.

Las virtudes teologales son: Fe, Esperanza y Caridad.

Se llaman virtudes teologales porque tienen a Dios por objeto inmediato y principal y Él mismo nos las infunde.

Las virtudes teologales tienen a Dios por objeto inmediato porque con la Fe creemos en Dios y creemos todo cuanto Él ha revelado; con la Esperanza esperamos poseer a Dios; con la Caridad amamos a Dios y en Él nos amamos a nosotros mismos y al prójimo.

Dios, por su bondad, nos infunde en el alma las virtudes teologales cuando nos hermosea con su gracia santificante, y por esta razón al recibir el Bautismo fuimos enriquecidos con estas virtudes y juntamente con los dones del Espíritu Santo.

Para el que tiene uso de razón no basta haber recibido en el Bautismo las virtudes teologales, sino que es necesario el frecuente ejercicio de sus actos.

Estamos obligados a hacer actos de Fe, Esperanza y Caridad: 1) cuando llegamos al uso de razón; 2) muchas veces en el transcurso de la vida; 3) en peligro de muerte.

2.- De la Fe

La Fe es una virtud sobrenatural, infundida por Dios en nuestra alma, y por la cual, apoyados en la autoridad del mismo Dios, creemos ser verdad cuanto Él ha revelado y por medio de la Iglesia nos propone para creerlo.

Sabemos las verdades que Dios ha revelado por medio de la Santa Iglesia, que es infalible; esto es, por medio del Papa, sucesor de San Pedro, y por medio de los obispos, sucesores de los Apóstoles, los cuales fueron enseñados por el mismo Jesucristo.2

Estamos segurísimos de las cosas que la Santa Iglesia nos enseña, porque Jesucristo ha empeñado su palabra de que la Iglesia no será engañada jamás.

Se pierde la Fe con la negación o duda voluntaria de los artículos que se nos proponen para creer, aunque sea de uno solo.

La Fe perdida se recobra con el arrepentimiento del pecado cometido y creyendo de nuevo todo lo que cree la Santa Iglesia.

3.- De los misterios

No podemos comprender todas las verdades de la Fe, porque algunas son misterios.3

Los misterios son verdades superiores a la razón, que hemos de creer aunque no las podamos comprender.

Hemos de creer los misterios porque nos los ha revelado Dios, que siendo la infinita Verdad y Bondad, no puede engañarse ni engañarnos.

Los misterios son superiores a la razón, mas no contrarios; antes bien, la misma razón nos persuade que los admitamos.

Los misterios no pueden ser contrarios a la razón porque el mismo Dios que nos ha dado la luz de la razón, es quien nos ha revelado los misterios, y no puede contradecirse a Sí mismo.     


Notas.-

1. Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, p. 115-117.
2. Según enseña la misma Iglesia, los obispos individualmente, o incluso varios de ellos, pueden errar, lo que es particularmente notorio en épocas de crisis como la nuestra. De las filas episcopales han salido hasta heresiarcas como Jansenio y otros. Pero la Iglesia, considerada en cuanto al conjunto de su doctrina, en los dogmas de Fe, en las verdades transmitidas por la tradición continua, etc., ella no yerra.
3. Ejemplos de misterios de la Fe son: la Santísima Trinidad, la Encarnación del Verbo de Dios, la Maternidad virginal de la Santísima Virgen.





  




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Nº 232 / Abril de 2021

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Santa Bernardita de Soubirous

+1879 + Nevers - Francia. Nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Santísima Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

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