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«Tesoros de la Fe» Nº 128 > Tema “Apologética”

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Las “nietas de Dios” - III


P. David Francisquini


Ninguno de nosotros duda de la promesa hecha por Nuestro Señor Jesucristo, de que permanecería con la Iglesia hasta la consumación de los siglos y que las puertas del infierno no prevalecerían contra Ella. En efecto, la asistencia del Espíritu Santo se difunde en todos los campos de la vida de la Iglesia, que es el propio Cuerpo Místico de Cristo.

Como nos enseña Plinio Corrêa de Oliveira, “en sus instituciones, en su doctrina, en sus leyes, en su unidad, en su universalidad, en su insuperable catolicidad, la Iglesia es un verdadero espejo en el cual se refleja nuestro Divino Salvador”.

Asimismo en su exterioridad —en la arquitectura, en la escultura, en la pintura, en la música, etc.— la Iglesia debe reflejar las perfecciones de su divino Fundador, impregnando con ellas a las almas de los fieles. Es por eso que las buenas obras de arte son una expresión de la Verdad, del Bien y de lo Bello, cuyo absoluto es Dios, y que las obras de arte extravagantes son lo contrario…

También son expresiones de Dios —o sus “nietas”, porque son “hijas” de los hombres— el sonido del órgano o del canto gregoriano, la pintura sacra retratando pasajes bíblicos, todo en armonía perfecta para hacernos crecer en el amor al Creador y prepararnos para la vida eterna, cuando contemplaremos a Dios cara a cara.

Por lo tanto, negar la licitud de las imágenes es negar esta acción y la propia actuación del Espíritu Santo. Él conduce la Iglesia a fin de que cumpla su misión aquí en la tierra. Además, las imágenes sirven también para marcar la diferencia entre la verdadera Iglesia de Jesucristo y las sectas protestantes. No se trata de idolatría, sino de una expresión visible de la enseñanza del Divino Espíritu Santo.

Romper con esto corresponde a romper con la Iglesia, una, santa, católica, apostólica, romana. Por eso, San Juan Damasceno, polemista de renombre y de gran cultura teológica, afirma que en el Antiguo Testamento Dios nunca fue representado por medio de imágenes, porque era incorpóreo y no tenía rostro.

San Juan Damasceno

Sin embargo —continúa el santo oriental—, habiéndose Dios encarnado y habitado entre nosotros, no sólo podemos, sino que debemos representar lo que es visible en Dios. Al hacerlo no veneramos la materia, sino al creador de la materia, que se hizo materia por nuestra causa y se dignó habitar en la materia y realizar nuestra salvación a través de la materia.

Son palabras de San Juan Damasceno: “Nunca cesaré de venerar la materia a través de la cual me ha llegado la salvación. Pero de ningún modo la venero como si fuera Dios. ¿Cómo podría ser Dios aquello que ha recibido la existencia a partir del no ser? […] Yo venero y respeto también todo el resto de la materia que me ha procurado la salvación, en cuanto que está llena de energías y de gracias santas.

“¿No es materia el madero de la cruz tres veces bendita? […] ¿Y no son materia la tinta y el libro santísimo de los Evangelios? ¿No es materia el altar salvífico que nos proporciona el pan de vida? […] Y antes que nada, ¿no son materia la carne y la sangre de mi Señor?

“Por tanto, no se ofenda a la materia, la cual no es despreciable, porque nada de lo que Dios ha hecho es despreciable” (Contra imaginum calumniatores, I, 16, Ed. Kotter, pp. 89-90). 



  




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Tesoros de la Fe


Nº 221 / Mayo de 2020

Una promesa, una esperanza
Basílica de la Madonna de Monte Bérico

Basílica de Santa María de Monte Bérico, Vicenza (Italia), construida sobre el cerro que domina la ciudad



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Santoral

31 de mayo

Santísima Trinidad

+ . El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que Dios es uno solo y en Él hay tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El misterio de la Santísima Trinidad nos ha sido revelado por la Persona, palabras y acciones de Jesucristo. La Trinidad es el misterio más profundo. Jesús nos ha revelado los secretos del Reino de los Cielos. La suprema de sus enseñanzas es el secreto de Dios mismo. Nos ha hablado de la vida de Dios. Nos enseñó que Dios, siendo uno solo, hay en El tres Personas. Nos dijo sus nombres: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesucristo se presentó a Sí mismo como el eterno y divino Hijo de Dios. Afirmó que es el Hijo, el Unigénito del Padre, igual al Padre. Jesús reveló la tercera Persona divina, el Espíritu Santo. El Padre y el Hijo, después de la Resurrección, lo enviaron a la Iglesia. Jesús había prometido enviar la tercera Persona, Dios igual que El mismo y el Padre.

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Visitación de Nuestra Señora

+ . Anteriormente Fiesta de Nuestra Señora Reina. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor...(Lucas 1:39-46) La celebración de la fiesta es iniciativa de San Buenaventura, franciscano, en 1263. El Papa Urbano VI (reinó de 1378-1389), la extendió a toda la Iglesia, pidiendo el fin del cisma que sufría la Iglesia.

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