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Por qué Sony teme la “propaganda gratuita”?


“¡No protestes, que les estás haciendo propaganda!”

Este es el consejo que a menudo debe soportar aquél que protesta contra las blasfemias públicas, ya sea al difundir documentos esclarecedores o al organizar manifestaciones frente a los centros de exhibición.

Es opinión corriente de que la controversia provoca interés. Y el interés lo único que hace es promover la taquilla. Lo mejor que un católico puede hacer ante una película blasfema es ignorarla. No ir a verla. Y no hacer nada.

Así, realizar protestas será, en el mejor de los casos, algo bien intencionado pero contraproducente.

Debemos ponderar, en primer lugar, que en el caso de “El Código Da Vinci”, la propaganda ya está hecha desde hace mucho, con miles y miles de dólares de por medio. No existe en el Perú persona medianamente informada que no haya al menos oído hablar del libro y de la próxima película. Al contestar con ideas firmes el contenido de ambos, ¿estaremos haciéndole publicidad? Más de la que ya hay, es prácticamente imposible. Más bien estaremos esclareciendo a aquellos que, si nosotros callásemos, sólo tendrían oportunidad de escuchar a una parte, esto es, a los promotores de la falsedad y la blasfemia. Tengamos en cuenta, entre otras cosas, que enseñar al que no sabe (en este caso, al que es engañado) es una obra de misericordia. Máxime en un tema tan trascendente, que afecta la relación que tenemos con nuestro Creador.

Además, si este eslogan repetido hasta la saciedad de la “propaganda gratuita” fuese verdad, los productores de cine estarían estimulando la controversia, recibiendo alegremente a los manifestantes y riendo al recorrer el camino entre la boletería y el banco.

Sin embargo, mientras se acerca la fecha de estreno mundial de “El Código Da Vinci”, no parecen estar riendo mucho.

“Gestión de reputación”

El web site de Sitrick & Co. es frío y profesional. Siendo una de las empresas norteamericanas líderes en relaciones públicas, es muy conocida por su labor comunicacional en “situaciones delicadas” y por su trabajo de “gestión de reputación”[1].

“El antiguo dicho de que ninguna publicidad es mala publicidad ya no es aplicable”, advierte Allan Mayer de la mencionada compañía, considerada también una de las principales especialistas en “control de daños” para Hollywood. Y debe saberlo bien. Como jefe de la división de espectáculos de su empresa, ha visto muchos casos en los que la controversia ha arruinado las carreras de varias “estrellas”[2].

Descrita por la revista Variety como “los más prominentes especialistas en crisis para Hollywood”, no es mera coincidencia que Sitrick & Co. haya sido contratada por Sony Pictures para manejar la delicada controversia que rodea su película “El Código Da Vinci”. Las cintas que son sentidas por el público como blasfemas son asunto serio.

Como hace notar el artículo “Control de Daños Da Vinci”, aparecido en The Wall Street Journal, Sony está haciendo todo lo posible para evitar un contragolpe por parte de grupos religiosos. “Sony está preocupada particularmente en no parecer insensible ante las creencias religiosas”, observó la sección Informe de Hollywood del mencionado diario[3].

Mientras se va acercando la fecha de estreno, Sony va tocando todas las teclas en su ofensiva de relaciones públicas, esperando desviar a los que alzan su voz por la premisa central del filme —que Cristo se casó con María Magdalena—, su reinvención de la historia inicial de la Iglesia y su caracterización maquiavélica de la Iglesia Católica. En este caso, la supuesta “propaganda gratuita” que generan los potenciales manifestantes es considerada por aquella empresa como una crisis, no como una oportunidad. Los especialistas contratados han llegado para evitar un paso en falso que pueda poner en peligro la reputación de los realizadores de la cinta.

Tratando de dialogar

Sony no sólo contrató a los prestidigitadores más capaces de Hollywood en cuanto a buena imagen se refiere. También contrató una segunda firma, Grace Hill Media, que se especializa en cortejar al público cristiano[4].

Esta firma hollywoodiana, encabezada por Jonathan Bock, ha recibido la nada envidiable tarea de ocuparse de los cristianos que se oponen a las tesis del libro. La empresa emplea métodos que algunos han señalado como propios a amortecer las reacciones.

La palabra-clave es diálogo. En efecto, Grace Hill ha llegado hasta el punto de hacer que Sony monte su propio web site de oposición donde los descontentos pueden descargar sus opiniones: thedavinciadialogue.com[5]. El site no es nada convincente, aunque sus diseñadores han de haber gastado mucho tiempo y recursos para encontrar un panel de “expertos” religiosos que traten de “El Código Da Vinci”. Sin embargo, con artículos que llevan títulos como “Por qué los cristianos deben ver la película”, no es difícil percibir las mal disfrazadas intenciones, especialmente considerando que ninguno de los “expertos” la ha visto.

Para un site que ofrece “diálogo” con cristianos, es curioso que no ofrezca mecanismos para que aquéllos que se vean ofendidos envíen sus preocupaciones a Sony Pictures. Más bien hay un enlace hacia un foro de discusión ubicado en un site que lleva el poco agradable nombre de HollywoodJesus.com, en el cual unos cuantos cristianos han asumido el desafío de enfrentar a los incrédulos.

En un tono condescendiente, thedavinciadialogue.com invita también a los opositores a silenciar sus voces y rezar para obtener una mayor profundidad en el entendimiento de la película. “Rezar por ‘El Código Da Vinci’ no se relaciona tanto con el bullicio acerca del libro ni con la histeria por la película —proclama la sección “Red de oración hollywoodiana” del site— sino con los mismos que rezan. Se relaciona con nosotros. Mediante la oración, crecemos en sabiduría, gracia, fuerza y entendimiento”[6].

Evitando decir que es una blasfemia

A lo largo de la controversia, Sony ha evitado el término “blasfemia”, prefiriendo convertir este asunto en una especie de evento cultural, una ficción de suspenso o un comentario histórico.

La guionista católica Barbara Nicolosi cree que el “debate” que Sony promueve, en realidad lo que hace es alejar a los polemistas del contenido del filme. Ella dirige una compañía llamada “Acto Uno”, que entrena a artistas cristianos para trabajar en la industria del cine, debido a su convicción de que los cristianos suelen ser víctimas fáciles en Hollywood.

“Todos estamos debatiendo sobre las implicancias de un batalla cultural —dice ella—, y nadie habla sobre la película. Es una estrategia brillante desde la perspectiva de Sony. Nos sacaron de sus talones, porque ahora estamos discutiendo entre nosotros. Genios. Quisiera haber tenido esa idea”[7].

En verdad, cada vez se hace más difícil determinar cómo será la película. De un lado, Sony minimiza su contenido presentándola como una ficción de suspenso, al tiempo que ha montado un web site para “educar a la gente” acerca de las materias teológicas e históricas relacionadas con el film.

Estamos ante dos hechos incompatibles: los promotores de la cinta proclaman que es sólo ficción, mientras que el novelista Dan Brown clama insistentemente que su obra se basa en fuentes históricas. Al inicio de su bestseller, Brown escribe, sin ninguna vergüenza, que “todas las descripciones de obras de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos que se hallan en esta novela son ciertos”.

En una confusa atmósfera de “diálogo” y opiniones pseudo académicas, el debate está siendo alejado de su propio tema. Los promotores se desentienden de la fundada acusación de blasfemia y tratan de que los opositores no se percaten de ella.

Éste es un diálogo extraño en el cual se le solicita a un partido que ceda en todo mientras el otro no cede absolutamente en nada.

Protesta efectiva

¡Blasfemia! Tal es la palabra que los realizadores de la cinta temen. Es la única que describe adecuadamente la ofensa que sienten los cristianos por la brutal “insensibilidad ante las creencias religiosas”. Es la única que se refiere al punto central: el insulto y la ofensa al propio Dios, a través de la difusión de esta obra.

Por su propia naturaleza, la blasfemia es el pecado más grave que se puede cometer contra la religión, pues dentro del vilipendio que se expresa en la blasfemia está implícita la consideración de que Dios es despreciable. Al desfigurar la visión de Dios se le está atribuyendo lo que no es apropiado a Él o negándole lo que le corresponde.

Siendo una obra que niega tan descaradamente la divinidad de Cristo, no sorprende que “El Código Da Vinci” suscite protestas.

Y es por ello que las protestas contra las blasfemias son tan efectivas. Devuelven el debate a su lugar. Revelan al público cuán onerosa es la blasfemia.

Tanto es así que sus promotores han necesitado recurrir a especialistas en “gestión de reputación” y control de daños para cambiar los términos del debate. Cuando el arte se une a la blasfemia, ni la mayor cantidad de publicidad, sea ésta gratuita o de cualquier tipo, puede quitarle el estigma de su carácter ofensivo.

Tomando una decisión moral

Aquellos que pregonan que protestar es hacer propaganda gratis no pueden señalar ningún caso en que las protestas contra blasfemias hayan ayudado a una película, obra teatral o exhibición artística. Tales protestas hacen que aquello que, normalmente, sería una noche de entretenimiento para un espectador, se transforme para él en una toma de decisión de carácter moral. La mayor parte de las veces, las obras blasfemas experimentan notoriedad al inicio y terminan muriendo ignominiosamente.

Confesión de parte

En el 96º Encuentro Anual de la Asociación Norteamericana de Museos (AAM) en Dallas, profesionales de los museos tuvieron un taller especial sobre manejo de protestas.

La periodista y panelista Hollis Walker no disimuló la realidad cuando dijo a los participantes, claramente, que consideren las protestas como “situaciones sin posibilidad de victoria”. Afirmó que la mejor política es la defensa y el control de daños.

“Desde el inicio, si Uds. ven algo así haciendo erupción, mi mejor consejo es que vayan y contraten al mejor consultor de crisis en relaciones públicas que puedan encontrar —acentuó—, porque el personal de relaciones públicas y marketing que trabaja en los museos no está preparado para manejar esta clase de situaciones”[8].

Parece que Sony está siguiendo tal consejo. Aún está por verse si conseguirán capear el temporal.

Mientras tanto, llegan de los Estados Unidos noticias de que habrán cientos de protestas ante los cines a lo largo y ancho de aquel país. Los manifestantes proclamarán que la blasfemia no es entretenimiento y estarán aclarando la perspectiva del público, llamándole a analizar el tema y tomar una decisión moral. Si las protestas fuesen mera propaganda gratuita, Sony estaría rogando mucho para que sean abundantes.

Para obtener información actualizada de las protestas, puede ver: http://www.tfp.org/.



[1] Sitrick & Co. se autopromociona como experta en situaciones de controversia (ver www.sitrick.com/entertainment.html ) y de ser capaz de proyectar una buena imagen del cliente así como de evitar que se cree una imagen negativa de él (http://www.sitrick.com/).

[2] Chris Jones, “When is bad publicity a bad career move?”, Chicago Tribune, 8-2-2004.

[3] John Lippman, “Da Vinci Damage Control”, The Wall Street Journal, 17-3-2006. Disponible en http://online.wsj.com/article/SB114255746198200795.html?

[4] Esta empresa realizó con amplio éxito la promoción entre sectores cristiano de la película “Las Crónicas de Narnia: El León, la Bruja y el Ropero”, así como, anteriormente y con relativo suceso, la de la serie “El Señor de los Anillos”.

[5] El site afirma que Sony no tiene ningún control sobre su contenido, aunque reconoce que ha provisto los medios para elaborarlo. Esta evasiva no tiene mayor valor, pues quien administra el site es la mencionada empresa contatada por Sony.

[6] http://www.thedavincidialogue.com/pray.cfm.

[7] Bill Fentum, “Christians Wrestle With The Da Vinci Code”, United Methodist Reporter, 27-3- 2006.

[8] Se puede escuchar estas palabras en http://www.tfp.org/Multimedia/anti_blasphemy_controversy/hollis_walker_2.mp3. Están tomadas de las cintas 02446-0901 y 02446-0902 de la disertación “Nuestra Señora de la Controversia: La exhibición Cyber Arte en el Museum of International Folk Art”, grabadas en el Encuentro Anual y Museum Expo 2002 de la Asociación Norteamericana de Museos. Las grabaciones fueron producidas por Chesapeake Audio/Video Communications, Inc. Elkridge, Maryland, 2002.



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