El Perú necesita de Fátima Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas.
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¡Lleve siempre consigo la protección del
Detente del Sagrado Corazón de Jesús!

Al llevar con devoción y confianza este pedazo de paño con la imagen del Sagrado Corazón, Ud. se beneficiará de las promesas hechas por Nuestro Señor a quien porte el Detente, no como un talismán sino como signo de confianza en su amor misericordioso:

—“Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida”.

—“Les daré paz a sus familias”.

—“Les consolaré en todas sus penas”.

—“Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte”.

¡Póngase bajo la protección del Corazón de Jesús: lleve el Detente siempre consigo!

Pida hoy mismo su Detente distribuido por la campaña El Perú necesita de Fátima.



Sin duda, habrá oído hablar de la tradicional devoción al Sagrado Corazón de Jesús y del piadoso uso del Detente.

Pero quizás no tenga del todo presente las magníficas promesas que Nuestro Señor hizo a quien llevase, con amor y confianza, el emblema de su Sagrado Corazón.

Tal vez Ud. piensa, como yo, que si muchas cosas andan mal hoy en el Perú, se debe en gran medida a que Jesucristo no reina efectivamente en nuestra sociedad, en nuestras leyes y en nuestra cultura.

Y tampoco reina en el corazón de cada peruano.

Estamos ante un progresivo y alarmante retorno del paganismo.

Es necesario que nuestra sociedad vuelva a regirse por la dulce ley de Cristo, en lugar de dejarse arrastrar por esta avalancha de neopaganismo.

Ante la inseguridad creciente en que está sumergida nuestra sociedad, ¿no es cierto que cada uno de nosotros necesita un signo visible y eficaz de la protección y del amor de Dios?

Ud. ya lo ha entendido: llevar consigo el Detente es colocarse bajo la protección de Jesús, es portar la imagen de su Sagrado Corazón y tomar el camino correcto, ante los disturbios del mundo moderno.
 



Porque en un mundo que se hunde en el caos, sólo la Providencia puede dar, al hombre contemporáneo, esa protección de la que sentimos una urgente necesidad.

Vamos a difundir el Detente por todo el Perú: en las familias, en los hospitales, en las cárceles; que lo lleven los ancianos, los adultos, los adolescentes y los niños; que lo reciban todos los que se encuentren alejados de Dios e incrédulos de su misericordia.

En este mundo que se paganiza, hagamos que reine en el Perú el Sagrado Corazón de Jesús.

La distribución del Detente es una iniciativa de la campaña El Perú necesita de Fátima y se realiza gracias al apoyo de los miembros de la Alianza de Fátima.

A quien se esfuerce en divulgar esta devoción, Nuestro Señor le prometió:

“Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción”.

Ud. también, benefíciese de esta promesa de Jesús: haga hoy mismo su pedido y será así un propagador de esta devoción.

No pierda esta oportunidad: pida hoy mismo su Detente del Sagrado Corazón. En pocos días lo recibirá y podrá así llevar consigo la eficaz protección asegurada por el Sagrado Corazón de Jesús.
 




Este detente de tela tiene estampado sobre sí al Corazón de Jesús, con las palabras ¡Detente! El Corazón de Jesús está conmigo. Venga a nosotros tu Reino. Ud. puede llevarlo siempre consigo, en un bolsillo, la cartera, la billetera o en la ropa. Él ya tiene la bendición del Papa Beato Pío IX, quien cuando le fue presentado el detente del Sagrado Corazón de Jesús profirió estas históricas palabras:


“Voy a bendecir este Corazón, y quiero que
todos aquellos que fueren hechos según
este modelo reciban esta misma bendición,

sin ser necesario que ningún otro sacerdote
la renueve”
.


Este mismo detente, hecho según el modelo presentado al Papa, puede Ud. obtenerlo, siguiendo atentamente las instrucciones:





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Nº 213 / Septiembre de 2019

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¡Con este signo vencerás!

Vista de la ciudad de Antigua Guatemala desde el Cerro de la Cruz, al fondo el Volcán de Agua



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22 de setiembre

San Mauricio y Compañeros, Mártires.

+286 . Era comandante de la famosa Legión tebana, que guardaba las fronteras meridionales de la Tebaida, en Egipto. En la persecución de Diocleciano, fue martirizado con todos sus soldados, durante una campaña militar, por no querer sacrificar a los ídolos.








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