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«Tesoros de la Fe» Nº 186

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San Juan de Letrán y San Pedro del Vaticano

Dos basílicas romanas; dos facetas diferentes de la Iglesia Católica

Plinio Corrêa de Oliveira

Basílica de San Pedro

Quien visita Roma nota una diferencia que llama la atención, entre la Basílica de San Juan de Letrán y la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La Basílica de San Pedro es gloriosa, magnífica, ostenta todo el esplendor del Renacimiento. Sin embargo, después que se la examina bien, deja en el fondo de la cabeza una impresión semejante a la de una fiesta de bodas.

La Basílica de San Juan de Letrán es más discreta. Pero tiene un tono de “gran señora”, de una nobleza, grandeza y paz. Ella refleja la conciencia de su propia dignidad, predicado que no posee la Basílica de San Pedro. Esta parece ansiosa por exhibirse para obtener la adhesión de aquellos que la contemplan.

Mientras que en la Basílica de Letrán, eso está ausente. Esta es consciente de sí misma, como diciéndonos: “Soy naturalmente así. No me engalano, soy lo que soy. Pero en aquello que soy, soy digna de respeto y veneración”. Es otra impresión, distinta de la que se manifiesta con relación a la Basílica de San Pedro.

Estas impresiones son interesantes, porque expresan dos facetas diferentes de la vida de la Iglesia. La Basílica de Letrán puede ser admirada en toda su nobleza: representa la faceta en que estamos en presencia de una especie de naturalidad, dignidad y compostura. Por su lado, la Basílica de San Pedro refleja el hálito del Renacimiento, representando otro espíritu y modo de presentarse.

Basílica de San Juan de Letrán



  




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Tesoros de la Fe


Nº 232 / Abril de 2021

Santo Toribio de Mogrovejo
Gloria de la Iglesia y del Perú

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, Anónimo – Óleo sobre tela, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires



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Santoral

6 de mayo

San Juan Apóstol, en la Puerta Latina

+Siglo I . El emperador Domiciano lo hizo lanzar, a los 90 años, en una caldera de aceite hirviente junto a la Puerta Latina, en Roma, pero el Apóstol virgen salió rejuvenecido. Fue entonces desterrado para la isla de Patmos, siendo el único Apóstol que no murió mártir.

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