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«Tesoros de la Fe» Nº 194

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Lo maravilloso, el Palacio del Louvre y la pirámide

Plinio Corrêa de Oliveira

Dios desea que vivamos rodeados de maravillas, y que nos maravillemos con todo lo que es bello.

El alma revolucionaria tiene aversión a lo maravilloso y aprecia apenas las cosas sensuales. A tal punto, que el revolucionario procura afear las cosas maravillosas que el pasado nos dejó.

Por ejemplo, la pirámide de vidrio instalada en el patio principal del Palacio del Louvre, el más notable museo de París.

Encomendada por el presidente socialista François Mitterrand, la hedionda pirámide afea uno de los más bellos golpes de vista que existe en el mundo, que es el patio del Louvre. ¿Por qué? Porque aquello que es maravilloso refleja a Dios. Todas las cosas bellas que existen reflejan a Dios, pero de forma desigual. De modo que hay cosas que reflejan más a Dios y otras menos. Las más maravillosas son las que reflejan más intensamente al Creador.

Por lo tanto, al habituarnos a amar las cosas maravillosas según su grado de maravilla, nos volvemos más propensos a adorar a Dios. Al habituarnos a desear el cielo, que es la concentración de todas las maravillas, en todas las formas y grados imaginables.

Cuando sentimos horror a lo vulgar, a lo feo, a lo sórdido y a lo caricaturesco, repudiamos aquello que es contrario a Dios. Y el amor a la maravilla lleva al hombre a creer en su Creador y después lo conduce a adorarlo.

La Revolución incita al hombre a no apreciar lo maravilloso. Pero mientras que la creencia en Dios adorna el alma, volviéndola maravillosa, la posición revolucionaria, al contrario, desdora el alma, transformándola en un antro, en algo tétrico.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 246 / Junio de 2022

El jardín de Picpus
y las carmelitas mártires de Compiègne

Las carmelitas de Compiègne asesinadas en 1794 durante la Revolución Francesa, Félix Gaudin, 1909 – Vidriera de la iglesia de Saint-Honoré d’Eylau, París



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Santoral

8 de agosto

Santo Domingo de Guzmán, Confesor.

+1221 Bolonia. Canónigo de Osma, en España, oriundo de noble familia, al dirigirse en peregrinación a Roma vió el estrago que la herejía albigense hacía en el sur de Francia. Ahí quedó para predicar y defender la verdad, fundando la Orden de los Predicadores.

Más información aquí.

Catorce Santos Auxiliares

+ . Esos santos son así denominados por la eficacia de su intercesión en los siguientes casos: San Jorge (contra las dolencias de la piel y para conseguir la curación de los animales domésticos); San Blas (garganta); San Erasmo (enfermedades intestinales); San Pantaleón (invocado por los médicos, contra la tuberculosis); San Vito (epilepsia, corea o danza de San Vito); San Cristóbal (huracanes, pestes, viajes); San Dionisio (posesiones diabólicas); San Ciriaco (invocado contra la tentación a la hora de la muerte, dolencias de ojos y posesiones); San Acacio (dolores de cabeza); San Eustaquio (invocado contra las disputas familiares, para no caer en el infierno); San Gil o Egidio (pánico, locura, miedos nocturnos, para realizar una buena confesión); Santa Margarita de Antioquía (contra los males de riñones y durante el parto); Santa Bárbara (para librarnos de la tormenta eléctrica y muerte repentina) y Santa Catalina de Alejandría (invocada por estudiantes, oradores, abogados y contra los problemas de la lengua)








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