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«Tesoros de la Fe» Nº 207

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El poder de San José

Monasterio de San José de Ávila, fundado por Santa Teresa el 24 de agosto de 1562

Tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece que les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; pero a este glorioso santo tengo experiencia de que socorre en todas, y quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide.

Y esto lo han comprobado algunas personas, a quienes yo decía que se encomendasen a él, también por experiencia; y aun hay muchas que han comenzado a tenerle devoción, habiendo experimentado esta verdad.

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servicios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan.

Creo que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien mío.

No sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este glorioso santo por maestro y no errará el camino.

 

Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, Monte Carmelo, 1998, c. 6, 6-8, p. 55-56.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 246 / Junio de 2022

El jardín de Picpus
y las carmelitas mártires de Compiègne

Las carmelitas de Compiègne asesinadas en 1794 durante la Revolución Francesa, Félix Gaudin, 1909 – Vidriera de la iglesia de Saint-Honoré d’Eylau, París



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Santoral

9 de agosto

San Oswaldo de Nortumbria, Confesor

+642 Inglaterra. Huyendo hacia Escocia cuando su padre fue derrotado y muerto, se convirtió al cristianismo. Con ayuda celestial, derrotó a los reyes de Mercia y de Gales, reconquistando el reino de Nortumbria, del cual se tornó rey.



Santos Juliano, Mariano y Compañeros, Mártires

+Siglo VIII Constantinopla. Esos 10 eclesiásticos, por haber defendido el culto de las imágenes, sufrieron “innumerables tormentos y fueron muertos por la espada” (del Martirologio).



San Juan de Alvernia, Confesor.

+1322 . Movido desde la infancia por la Pasión de Cristo, este franciscano tuvo una existencia de enorme penitencia. Mandado para Alvernia, donde San Francisco había recibido los estigmas, predicaba a los peregrinos que allá acudían. A veces, el proprio Poverello le aparecía para moderarle las mortificaciones, y los Ángeles le hacían compañía.








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