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«Tesoros de la Fe» Nº 232

Palabras del Director  [+]  Versión Imprimible
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Abril de 2021 – Año XX

Estimados amigos:

Una vez más Tesoros de la Fe evoca en sus páginas la magna figura de santo Toribio Alfonso de Mogrovejo (1538-1606), preclaro organizador de la Iglesia en Hispanoamérica, misionero infatigable, evangelizador y civilizador del Perú. Es vergonzoso que a un forjador de la nacionalidad como él, se le niegue el reconocimiento público que merece y que su ilustre memoria haya quedado prácticamente relegada al ámbito religioso, a causa del laicismo que ha dominado la mayor parte de nuestra vida republicana.

Más de un biógrafo e historiador ha trazado un extraordinario paralelismo entre el segundo arzobispo de Lima y san Carlos Borromeo (1538-1584), cardenal de la Santa Iglesia y arzobispo de Milán. Siendo contemporáneos, les correspondió ejecutar las resoluciones del Concilio de Trento en sus jurisdicciones. Su extensión territorial, quizá haya sido su única discordancia, pues la de Lima era entonces seis veces mayor que la de Milán.

El célebre abad trapense de Sept-Fons, Jean-Baptiste Chautard (1858-1935), en su obra maestra El alma de todo apostolado, reproduce la siguiente sentencia: “A un sacerdote santo, según se dice a veces, corresponde un pueblo fervoroso; a un sacerdote fervoroso, un pueblo piadoso; a un sacerdote piadoso, un pueblo honrado; a un sacerdote honrado, un pueblo impío. Siempre hay un grado menos de vida en aquellos que son engendrados”. Tal es la influencia del clero en la sociedad. En ese mismo sentido, bien podríamos decir, parafraseando al reconocido maestro de la vida espiritual: “A un obispo santo, corresponde un pueblo fervoroso; a un obispo fervoroso, un pueblo piadoso; a un obispo piadoso, un pueblo honrado; a un obispo honrado, un pueblo impío;
—añadiendo— y a un obispo impío, corresponde un pueblo apóstata”.

Quiera la Divina Providencia abreviar los tristes días actuales y enviarnos almas intrépidas, como las de santo Toribio de Mogrovejo, para que sea renovada la faz de la tierra.

En Jesús y María,

El Director



  




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Tesoros de la Fe


Nº 236 / Agosto de 2021

Rosa de Santa María
La primera flor de santidad de América

Santa Rosa de Lima, Bartolomé Esteban Murillo, s. XVII – Óleo sobre tela, Nationalmuseum, Estocolmo (Suecia)



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Santoral

18 de setiembre

San Juan Masías, Confesor

+1645 Lima. Contemporáneo de San Martín de Porres, gloria del Perú y de la Orden de Predicadores como él. A diferencia de Martín que habitó el convento de Nuestra Señora del Rosario, Juan vivió en lo que en aquel entonces eran los arrabales de la ciudad, en la recoleta dominica de Lima(actual Plaza Francia). Fue modelo de todas las virtudes, particularmente en la obediencia y pureza.

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San José de Cupertino, Confesor

+1663 Italia. Este hijo de San Francisco compensaba abundantemente en inocencia y simplicidad lo que le faltaba de dones naturales. Poco dotado de talentos, se llamaba a sí mismo Fray Asno. Pero su amor a Dios era tan intenso, que entraba en éxtasis a la vista de la menor de las manifestaciones divinas en las criaturas.

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