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Una magnífica oportunidad de retribuirle a la Santísima Virgen todo lo que obra en nosotros

Desde que iniciamos hace veinte años atrás las visitas  de las imágenes peregrinas a los hogares, fue creciendo en nosotros el deseo de satisfacer un viejo anhelo: ¿Dónde encontrar un libro que contenga una síntesis de la vida de la Virgen María?

No una obra para teólogos o eruditos, sino un texto accesible al común de los fieles. Tampoco una obra muy extensa que resultara casi interminable, para una época en que cada vez se lee menos. Y obviamente, una obra que inspirara a crecer más y más en el amor a Nuestra Señora.

Claro está que ya conocíamos grandes obras marianas como el incomparable Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis María Grignion de Montfort; Las Glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio; La Mística Ciudad de Dios, de la Venerable Sor María de Agreda; y tantas otras. Pero ninguna de ellas nos parecía que se ajustaba a lo que buscábamos.

Transcurrieron muchos años, hasta que cayó en nuestras manos una obra mariana verdaderamente inspirada: simple y sin mayores pretensiones, pero desbordante de unción, que persuade profundamente al lector y descubre nuevos horizontes para su vida espiritual, enseñándole a confiar ilimitadamente en la Santísima Virgen, que Dios nos dio como nuestra Madre incomparable.

Su título lo dice todo: La Virgen María

Desde un comienzo nos encantó. Lo leímos ávidamente. Y antes de terminarlo, llegamos a la conclusión de que habíamos encontrado finalmente el libro que tanto nos solicitaban. Su autor: el padre Thomas de Saint Laurent (1879-1949), conocidísimo por la más célebre de sus obras, El Libro de la Confianza, que ciertamente Ud. habrá tenido la gracia de leer alguna vez.

Este insigne clérigo y escritor francés unió al carisma propio del sacerdocio sus elevados conocimientos de psicología, materia en la que era un verdadero erudito y sobre la cual escribió numerosos libros. Pero por encima de todo, él fue dotado por la Providencia del don de hablar directamente a las almas, cualidad que se refleja en todas sus obras de modo admirable.

La Virgen María nos lleva a acompañar a la Inmaculada en las principales etapas de su vida, aprendiendo a conocerla mejor, para amarla con más ternura, invocarla con más confianza y servirla con más fidelidad. Su lectura constituye un medio provechoso y eficaz para la salvación de nuestras almas, pues la devoción a Nuestra Señora es una de las señales más infalibles de predestinación.

Con el libro en las manos fue necesario primero realizar una cuidadosa traducción, para que no se perdiera ningún matiz, ninguna belleza, de una obra en la que en todo momento se percibe la mano de Nuestra Señora.

Luego obtener los medios económicos para su publicación, tan parcos en una época de poca fe como la nuestra. No es fácil tocar las puertas...  sin embargo la respuesta a nuestra carta ha sido grande y la edición del libro es ahora una realidad.

* * *

Pues bien, a pesar de que todos los que tenemos la gracia de ser católicos nos consideramos muy devotos de la Virgen, ¿cuánto es lo que realmente sabemos sobre la vida de la Virgen María y sus excelsas virtudes?

En las Sagradas Escrituras encontramos algunas breves referencias a Ella. San Lucas es el evangelista que más nos habla de María. Pero es en la Tradición de la Iglesia y en historias piadosas dignas de crédito, donde encontramos muchos detalles más sobre su infancia, los 30 años de vida oculta junto a su Divino Hijo y el período que transcurrió hasta su gloriosa Asunción a los cielos.

Pero ahí no acabó la obra de María Santísima, que sigue desde su trono velando por sus hijos y que en ocasiones extraordinarias, como sucedió en Fátima, se comunica directamente con los hombres.

Mucho nos falta conocer de Ella para poder amarla y servirla con más calor

Como nos lo enseñó el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, recordado maestro e inspirador de nuestra campaña: la primera oración que al comenzar la mañana debemos dirigir a la Santísima Virgen, es una Avemaría para tenerle más fervor ese día. El crecimiento en la devoción a Nuestra Señora fue siempre, siempre, siempre, su invariable consejo a todos sus discípulos.

Crezcamos también nosotros en devoción a María, tengámosle más devoción, hasta el momento en que por la misericordia de Dios nos reciba Ella en su Reino celestial.

Y hagamos también crecer a otros, a muchos otros, en el conocimiento y amor por María. Ayúdenos en este empeño, a difundir esta pequeña gran obra; ayúdenos a que este libro pueda llegar a todos los rincones de nuestro querido y afligido Perú: para que nuestra Patria no continúe hundiéndose en el pantano de la crisis moral.

Que no se borre en nuestro pueblo la señal de la Cruz y el amor a nuestra Madre, que tanto sacrificio costó implantar. Desde el sacrificio infinito de Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario, hasta el de cientos de mártires –tan olvidados hoy– que dieron su sangre para que esta nación sea católica.

* * *

Vivimos una hora en que nuestra indiferencia puede ofender gravemente a Dios. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para no perder una sola oportunidad de hacer algo, por pequeño que sea, que redunde en la gloria de María Santísima. Ella nos lo recompensará, como sólo Ella sabe hacerlo.

Estoy seguro, amigo lector, que si aún no lo ha hecho, pronto contaremos con su generosa colaboración para ello. Ante todo, la ayuda de sus oraciones; pero también la ayuda material que esté a su alcance para dar a este maravilloso libro la difusión que merece.



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