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«Tesoros de la Fe» Nº 158

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Un Sínodo "extraordinario" bajo todo punto de vista

Jose Antonio Ureta


MENOS DE UN MES DESPUÉS de la realización de la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) en Rio de Janeiro, en julio de 2013, el Papa Francisco comunicó al secretario del Sínodo de los Obispos, Mons. Lorenzo Baldisseri, ex Nuncio Apostólico en Brasil, su determinación de convocar la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos.

En efecto, los sínodos ordinarios se realizan en Roma cada cuatro años. El próximo debía tener lugar este año 2015. Pero el Papa puede convocar a una asamblea general extraordinaria en cualquier momento, lo que en general sucede en circunstancias o fechas de gran relieve. Por ejemplo, el anterior Sínodo Extraordinario fue convocado en 1985, para analizar el estado de la Iglesia Católica veinte años después de la clausura del ConcilioVaticano II.

Fruto de esa decisión, el 8 de octubre de 2013 fue anunciada la convocación de la referida III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, para tratar de "los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización", tema que volverá a ser abordado en el Sínodo Ordinario de octubre próximo a respecto de "Familia y persona humana".

La elección del tema causó cierta sorpresa, pues en 1981 hubo un sínodo sobre la familia, que tuvo como fruto la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio "sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual", documento magisterial que guía desde hace 30 años la pastoral familiar de la Iglesia en el mundo entero. Desde entonces, nada de sustancial parecía haber cambiado, ni en la crisis de la familia, ni en la respuesta pastoral de la Iglesia.

También sorprendió esa secuencia de dos sínodos —uno extraordinario y otro ordinario—, acerca del mismo tema. La aparente explicación solo se conoció recientemente y también está relacionada con el Brasil: según el vaticanista Luigi Accatoli, en su encuentro con los obispos brasileños en Rio de Janeiro, el Papa Francisco se habría impresionado con el método usado por la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil) para adoptar el nuevo programa de reforma de las parroquias. Después de una consulta interna, la asamblea episcopal brasileña habría redactado un esquema provisional, enviado posteriormente para consulta a las bases en las diferentes diócesis, cuyas orientaciones serían recogidas en el documento definitivo (publicado después bajo el título "Comunidad de comunidades: una nueva parroquia. La conversión pastoral de la parroquia"). Este método detrabajo en dos tiempos habría inspirado, según Accatoli, la decisión del Papa Francisco de convocar dos sínodos sucesivos, separados apenas por un año, con el fin de asegurar una amplia consulta a las bases.

De hecho, en la carta que el cardenal Baldisseri envió a los presidentes de las conferencias episcopales el día 18 de octubre de 2013, anunciando la convocación del Sínodo Extraordinario, él recomendaba una amplia distribución en las parroquias de un cuestionario de 38 preguntas a respecto de las "nuevas problemáticas" alrededor de la familia, como la difusión de las parejas "de hecho", la familia monoparental, la difusión del fenómeno del "alquiler de úteros", etc. Dos temas abordados en el cuestionario abrieron camino para un gran debate: las uniones entre personas del mismo sexo y el tratamiento pastoral —especialmente el acceso a la comunión eucarística— de las parejas divorciadas que contrajeron una segunda unión.

¡¿Cambio de la práctica pastoral y de la enseñanza de la Iglesia en materia sexual?!

El documento preparatorio con las preguntas aludía, efectivamente, a un cambio de actitud de la Iglesia, en nombre de "la amplia acogida que está teniendo en nuestros días la enseñanza sobre la misericordia divina y sobre la ternura en relación a las personas heridas, en las periferias geográficas y existenciales". Tanto más cuanto que el propio Papa Francisco, en el vuelo de regreso a Roma, había dado a entender que un cambio de la posición tradicional de la Iglesia en los dos temas más controvertidos no debía ser excluida.

En cuanto a los homosexuales, su conocida respuesta de que si ellos buscan a Dios y tienen buena voluntad "¿quién soy yo para juzgarlos?" —la cual pasará probablemente a la historia como el resumen de su pontificado—, ya había influenciado a parlamentarios católicos a votar en favor de leyes que aprueban el matrimonio entre personas del mismo sexo. Se entreveía la misma apertura a partir de otra respuesta a los periodistas, en el mismo avión. Al preguntarle si había la posibilidad de cambiar en algo la disciplina de la Iglesia a respecto del acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, el Papa afirmó: "Un paréntesis: los ortodoxos tienen una praxis diferente. Ellos siguen la teología de la economía, como dicen ellos, y dan una segunda oportunidad, lo permiten. Pero creo que este problema —cierro el paréntesis— se debe estudiar en el marco de la pastoral matrimonial".

El nombramiento como secretario especial del Sínodo Extraordinario del obispo y teólogo Mons. Bruno Forte, exponente de una línea teológica y pastoral abierta, vino a aumentar aún más la expectativa de un eventual cambio de la enseñanza de la Iglesia en materia sexual. Expectativa que se acentuó aún más después que la prensa transcribió las declaraciones de una mujer argentina y de su compañero divorciado, según las cuales el Papa Francisco la habría telefoneado, y que en el curso de la conversación la autorizó a recibir la comunión, apenas tomando el cuidado de no hacerlo en la propia parroquia para no crear un conflicto con el párroco. La sala de prensa del Vaticano no desmintió esa versión de los hechos, limitándose a declarar que tales conversaciones debían ser entendidas en el contexto de las relaciones pastorales personales del Papa, y no como un evento que acarrea "consecuencias relativas a la enseñanza de la Iglesia".

Mons. Lorenzo Baldisseri, secretario del Sínodo de los Obispos y anteriormente Nuncio Apostólico en Brasil (2002-2012), jugó un papel capital en la preparación y el desarrollo de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, que tuvo lugar en Roma del 5 al 19 de octubre pasado.

Indisolubilidad del matrimonio y la prohibición de la comunión a los pecadores públicos

Esas intervenciones del más alto dignatario del Vaticano facilitaron que las "bases" —o sea, las conferencias episcopales y los movimientos seglares de orientación progresista— respondieran al cuestionario Baldisseri exigiendo no apenas un cambio pastoral, sino hasta doctrinario de la Iglesia con relación a la homosexualidad y la indisolubilidad matrimonial.

En efecto, el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Robert Zollitsch, arzobispo de Friburgo, llegó a publicar un documento oficial animando a los divorciados vueltos a casar a aproximarse sin escrúpulos a la mesa de la comunión, basados en una simple "decisión de consciencia".

En respuesta a esa iniciativa escandalosa, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán Gerhard L. Müller, en un largo artículo publicado por el "Osservatore Romano" el 23 de octubre de 2013, se vio forzado a reafirmar la indisolubilidad del matrimonio y la prohibición de la comunión a los pecadores públicos, artículo en el cual, de pasada, condenaba la "teología de la economía" practicada por los cismáticos ortodoxos.

Pero la intervención del cardenal Müller quedó obnubilada por declaraciones de dos cardenales muy próximos al Papa Francisco y miembros del G8 (grupo de ocho cardenales que asisten al Pontífice en la reforma de la Curia). De un lado, el cardenal Reinhardt Marx, arzobispo de Munich, declaró que dicho artículo no podía "cerrar la discusión" y, de otro, el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, afirmó que "Müller es un profesor de teología alemán, en su mentalidad sólo hay verdadero y falso… Pero, hermano mío, el mundo no es así, tú deberías ser un poco flexible".

El cardenal Kasper no expresó una sola palabra de condenación al divorcio, ni sobre sus desastrosas consecuencias para la sociedad; tampoco mencionó el grave deber de la persona que se encuentra en pecado mortal de rezar para obtener la gracia de salir de él. Por lo demás, la propuesta del cardenal envuelve una paradoja: ¡en vez de arrepentirse de la situación de pecado en que se encuentra, el divorciado vuelto a casar debería arrepentirse de su primer y auténtico matrimonio!

Tres propuestas explosivas

En medio de este debate, y aprovechando que, por ocasión del último consistorio para la creación de nuevos cardenales, el cuerpo cardenalicio se encontraba en peso en Roma, el Papa Francisco les pidió que debatieran acerca de la familia sobre la base de un informe introductorio por él confiado al cardenal Walter Kasper, que ya a fines del siglo pasado se había posicionado a favor de la superación de la prohibición de la comunión a los divorciados vueltos a casar.

La proximidad del Papa Francisco con el cardenal Kasper había quedado manifiesta por ocasión del primer Angelus del actual pontificado, cuando el Santo Padre dijo que estaba leyendo un libro de este último sobre la misericordia de Dios, en el cual se revelaba como "un gran teólogo"

El cardenal Kasper, en su informe de dos horas presentado a puerta cerrada en el Consistorio de cardenales, desarrolló la tesis de que la Iglesia debería operar "un cambio de paradigma" con relación a la comunión para los divorciados vueltos a casar, considerando la situación a partir de la perspectiva de quien sufre y pide ayuda. E hizo tres propuestas explosivas:

Que, en los casos de aquellos que en consciencia están convencidos de que su matrimonio precedente fue irremediablemente roto y nunca tuvo validez, en lugar de confiar el parecer de su eventual nulidad a los tribunales eclesiásticos, el obispo la confiase a un sacerdote con experiencia espiritual y pastoral;

Que, en los casos de divorciados vueltos a casar que tienen obligaciones con hijos nacidos de una segunda unión, les fuese abierto el acceso a la mesa de la comunión eucarística, una vez que, según Benedicto XVI, ellos pueden recibir la comunión espiritual (la forma de comunión de aquellos que están impedidos de recibirla por razones materiales: distancia, reclusión, etc.). "Quien recibe la comunión espiritual es una sola cosa con Jesucristo. [...] ¿Por qué, entonces, no puede recibir también la comunión sacramental?" —alegó el cardenal.

Que en la Iglesia primitiva habría existido un derecho consuetudinario según el cual los cristianos que vivían una segunda unión tenían a su disposición —aunque el primer cónyuge estuviese vivo y después de un tiempo de penitencia— no un segundo matrimonio, sino una tabla de salvación a través de la participación en la comunión. Mientras la Iglesia latina habría abandonado esa costumbre, las Iglesias ortodoxas la conservaron, conforme el principio para ellos válido de la oikonomia.

Nótese que el cardenal Kasper no expresó una sola palabra de condenación al divorcio, ni sobre sus desastrosas consecuencias para la sociedad; tampoco mencionó el grave deber de la persona que se encuentra en pecado mortal de rezar para obtener la gracia de salir de él (lo que no se confunde con la comunión espiritual, reservada, según muchos teólogos, a quien está en estado de gracia). Por lo demás, la propuesta del cardenal envuelve unaparadoja: ¡en vez de arrepentirse de la situación de pecado en que se encuentra, el divorciado vuelto a casar debería arrepentirse de su primer y auténtico matrimonio!

Además, si la Iglesia admitiera la legitimidad de una convivencia pos-matrimonial estable (segunda unión), no se ve por qué no debería permitir también las convivencias prematrimoniales estables y sinceras. Finalmente, su tesis de que la Iglesia primitiva admitía a la comunión a los divorciados vueltos a casar fue demolida en las semanas siguientes por renombrados historiadores, quienes demostraron que aquello que los concilios habían aprobado era la comunión de los viudos —y no de los divorciados— que se volvían a casar.

La resistencia de purpurados, historiadores, teólogos, canonistas y moralistas

Por cierto la ponencia del cardenal Kasper encontró la oposición de varios cardenales, que en la misma mañana de aquel día se manifestaron en un debate sereno y fraterno. En la sesión de la tarde, el Papa Francisco permitió que apenas el cardenal Kasper hiciera uso de la palabra, para replicar las críticas que recibiera en la mañana. Al informar sobre el desarrollo del Consistorio, el P. Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, presentó el informe Kasper como si fuera un texto "en gran sintonía" con el pensamiento del Papa.

Lo confirmó al día siguiente el propio Pontífice, que en la conclusión del Consistorio así se expresó: "Ayer, antes de dormir, pero no para quedarme dormido, leí —releí— el trabajo del cardenal Kasper y desearía darle las gracias, porque he encontrado una teología profunda y también un pensamiento sereno en la teología. […] Me ha hecho bien y he tenido una idea —perdone, eminencia, si hago que sienta vergüenza—, pero la idea es que esto se llama 'hacer teología de rodillas'. Gracias. Gracias".

Tal apoyo se habría evidenciado también por el hecho de que el Papa vetara la publicación en el "Osservatore Romano" de una intervención en sentido opuesto al informe Kasper preparada por un cardenal de gran destaque, según informó el vaticanista Sandro Magister, gran conocedor de los bastidores del Vaticano.

Sintiéndose así respaldado, el cardenal Kasper emprendió una verdadera rueda de conferencias y entrevistas a la prensa para divulgar y defender sus tesis, afirmando que ellas no implican un cambio de la doctrina de la Iglesia a respecto de la indisolubilidad del matrimonio, sino apenas una praxis pastoral. En tales intervenciones, él invocaba sistemáticamente el supuesto apoyo del Papa Francisco.

El cardenal sudafricano Wilfrid Napier deploró el texto del informe y su difusión mundial, que habría puesto a la Iglesia en una situación "sin salida", porque "el mensaje ya ha salido: 'esto es lo que dice el sínodo, esto es lo que dice la Iglesia'. A este punto no hay corrección posible, todo lo que podemos hacer es intentar limitar los daños".

La divulgación de las tesis del cardenal Kasper encontró la resistencia de un buen número de purpurados —entre los cuales cabe destacar a los cardenales Burke, Müller, Brandmüller, de Paolis, Caffarra y Pell— y de historiadores, teólogos, canonistas y moralistas. Merece especial mención un trabajo publicado por ocho profesores dominicos de los Estados Unidos, los cuales resaltaron que el informe del cardenal alemán significa, ni más ni menos, la supresión de la obligación de castidad según el propio estado, como si los fieles no tuviesen seguridad de la ayuda de la gracia para mantenerla. Si fuese aceptada la comunión para los divorciados vueltos a casar —decían los teólogos dominicos— "es difícil ver de qué manera la Iglesia podría resistirse a darle la Sagrada Comunión a las parejas no casadas que cohabitan, o a las personas en uniones homosexuales, y demás. Ciertamente, la lógica de esta posición sugiere que la Iglesia debería bendecir dichas uniones (como se encuentra haciéndolo la iglesia anglicana) e incluso aceptar toda la gama de «libertades» sexuales contemporáneas. La comunión para las personas divorciadas y vueltas a casar es solo el comienzo".

En vísperas del Sínodo Extraordinario, los cinco primeros cardenales arriba mencionados publicaron sus intervenciones, reuniéndolas a las de otros cuatro peritos en un libro bajo el expresivo título Permaneciendo en la verdad de Cristo: Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica. La obra recorre la historia de siglos de resistencia católica a dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, y muestra que en todo ese período no se encuentra ningún argumento a favor del tipo de "tolerancia" que el cardenal Kasper propone. Este prelado deploró la publicación del libro, calificándolo de afrenta para golpear al Papa Bergoglio.

En las semanas previas al Sínodo Extraordinario, el Pontífice invitó a 26 prelados a participar del mismo, entre los cuales al propio cardenal Walter Kasper y al cardenal belga Godfried Daneels, que ya en el Sínodo de 1999 se había pronunciado a favor de una apertura pastoral a los divorciados vueltos a casar. Otro favorecido fue el arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica de Buenos Aires, al cual confió la vicepresidencia de la comisión encargada de redactar el mensaje del sínodo al mundo.

Informe intermedio, abiertamente conflictivo con la enseñanza tradicional de la Iglesia

El día 5 de octubre de 2014 se abrió finalmente el Sínodo Extraordinario, con una anomalía: la comunicación del secretario, cardenal Baldisseri, de que las intervenciones en la aula no serían publicadas, sino que se daría de las mismas apenas una visión de conjunto, a través de los responsables de la sala de prensa con el auxilio de algunos participantes escogidos por la secretaría del Sínodo. El cardenal Müller protestó contra esa censura, la cual no obstante se hizo efectiva, por lo cual durante dos semanas de discusiones las conferencias diarias de prensa se ciñeron a dar una versión parcial de lo acontecido, y tan sólo una vez se invitó a participar en ellas a un prelado opuesto a la posición del cardenal Kasper.

Una segunda anomalía fue el hecho de que el Papa reforzara el equipo de tres redactores del documento final con otros seis prelados escogidos por él mismo, entre los cuales el ultraprogresista cardenal Gianfranco Ravasi, el arzobispo argentino Mons. Víctor Manuel Fernández, y el General de la Compañía de Jesús, P. Adolfo Nicolás.

La creatividad manipuladora de ese equipo redactor quedó comprobada el día 13 de octubre (por coincidencia, fiesta de la última aparición de la Santísima Virgen en Fátima), cuando la lectura del primer relato de las discusiones suscitó críticas vehementes de los participantes, para los cuales este no reflejaba el verdadero contenido de las intervenciones.

De hecho, ese relato no era apenas parcial —desarrollando las tesis de la minoría pro Kasper—, sino abiertamente conflictivo con la enseñanza tradicional de la Iglesia, una vez que:

    • presenta el "cambio antropológico y cultural" de la sociedad (léase la revolución sexual y sus consecuencias: cohabitación, divorcio, contracepción artificial, homosexualidad, etc.) como un "desafío" para la Iglesia, sin proporcionar ningún elemento de evaluación moral;

    • introduce un nuevo y sorprendente principio moral, la "ley de la gradualidad", que permite coger elementos supuestamente positivos en todas las situaciones objetivamente pecaminosas, como las relaciones prematrimoniales o las uniones homosexuales, reconociendo en ellas las "semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales" (o sea, cualquier pecado pasa a constituir una forma imperfecta de bien, frente al cual es necesario practicar una especie de "ecumenismo con el mal");

    • resalta "la realidad positiva de los matrimonios civiles y, reconociendo las debidas diferencias, de las convivencias", subvirtiendo la doctrina de la Iglesia según la cual la estabilización en el pecado constituye una falta más grave que la unión sexual ocasional y pasajera, porque hace más difícil el retorno al camino recto;

    • llega a afirmar que "las personas homosexuales tienen dotes y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana" (insinuando que ellas brotan de la condición homosexual) y nota que "hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas" homosexuales, promoviendo de hecho la legalización de tales uniones, ¡sin presentar siquiera objeciones a la adopción de niños por tales parejas!

Como era de esperarse, el escandaloso informe intermedio fue celebrado universalmente por la gran prensa como la aurora de una nueva era en la cual la Iglesia finalmente se reconciliaría con el mundo moderno y aceptaría los nuevos modelos de convivencia nacidos de la revolución sexual.

La cúpula del Sínodo intenta una maniobra para silenciar las críticas y provoca vocerío

En la rueda de prensa oficial del Sínodo al día siguiente, el cardenal sudafricano Wilfrid Napier deploró el texto del informe y su difusión mundial, que para él colocaría a la Iglesia en una situación "sin salida", porque "el mensaje ya ha salido: 'esto es lo que dice el sínodo, esto es lo que dice la Iglesia'. A este punto no hay corrección posible, todo lo que podemos hacer es intentar limitar los daños".

Fue lo que trataron de hacer los diez círculos de trabajo en que se dividieron, por idiomas, los padres sinodales, algunos de los cuales eligieron para presidirlos a personalidades conocidamente conservadoras, como el cardenal Burke o el arzobispo Mons. Léonard, de Bruselas.

En la gran mayoría de estos círculos de trabajo, donde los padres sinodales podían expresarse libremente, el informe intermedio fue literalmente destrozado por una enorme masa de propuestas de enmienda en el sentido de que el informe final debería resaltar sobre todo que el único modelo de matrimonio es la unión indisoluble entre un hombre y una mujer con la finalidad primaria de la procreación y educación en la fe, y que la pretendida "ley de la gradualidad" pastoral no debe ser entendida como una "gradualidad de la ley", a través de la cual todas las situaciones irregulares pasan a ser consideradas de modo positivo.

En una entrevista a la cadena de televisión norteamericana CNS news, el cardenal Raymond Burke reiteró la imposibilidad de un cambio en la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio. Preguntado si el Papa podría cambiar la naturaleza del matrimonio indisoluble restaurado por Nuestro Señor Jesucristo, él afirmó perentoriamente: "No, no está en su poder. y está muy claro en la enseñanza de la Iglesia que si un matrimonio fue válidamente celebrado y consumado [por las relaciones conyugales], no puede ser disuelto. No puede ser acabado por nada, excepto por la muerte".

Frente al contenido negativo de la gran mayoría de los informes de los diez círculos lingüísticos, el jueves 16 de octubre, cuando las sesiones conjuntas fueron retomadas, la cúpula del sínodo intentó una maniobra para limitar el impacto de ellas. Teniendo al Papa a su lado, el cardenal Baldisseri, secretario general, avisó que las referidas observaciones no serían hechas públicas. Tal anuncio produjo literalmente la explosión de un vocerío en la sala; el cardenal australiano George Pell, que lo lideró, demostró la injusticia y la parcialidad de la decisión, y el riesgo de que, al permanecer desconocidas las propuestas de enmienda, el texto final simplemente las desconsiderase.

Después de acaloradas intervenciones en el mismo sentido y a pesar del silencio del Papa Francisco, el propio Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, sumó su voz a la de los que solicitaban la publicación de los informes de los grupos de trabajo, siendo entonces el cardenal Baldisseri, muy a su pesar, obligado a ceder.

Para calmar los espíritus y dar garantías de alguna imparcialidad, el Papa Francisco anunció, en la tarde de ese día, que colocaba a dos nuevos miembros en la comisión redactora del texto definitivo, uno de los cuales el combativo cardenal Wilfrid Napier.

Tres párrafos del informe final son rechazados por la asamblea sinodal

A pesar de que la comisión redactora produjo un texto de compromiso, en la votación final apenas uno de los 62 párrafos recibió aprobación unánime, y tres no obtuvieron la mayoría de dos tercios requerida por los estatutos para su aprobación e inclusión en el informe final de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo.

Dos de los párrafos rechazados trataban de la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar (describiendo la divergencia de posiciones entre los padres sinodales), y el tercero de la atención pastoral a las personas con tendencia homosexual. No obstante el rechazo, el Papa Francisco ordenó que ambos figurasen en el texto final que debe ser enviado a las diócesis y parroquias para nutrir la discusión en los próximos meses e inspirar las propuestas de la "base" para la segunda etapa, o sea, el Sínodo Ordinario de octubre del 2015.

Pese a la inesperada resistencia de un número ponderable de padres sinodales, incluidos varios cardenales de destaque, el cardenal Walter Kasper y sus seguidores no dieron su brazo a torcer y pretenden continuar avanzando hasta obtener el cambio pastoral (y necesariamente doctrinario) de la actitud de la Iglesia frente a las situaciones matrimoniales irregulares y las uniones homosexuales.

Al preguntarle si consideraba el resultado del primer sínodo "una derrota" de la estrategia del Papa Francisco, su discípulo y amigo, Mons. Víctor M. Fernández —uno de los redactores del texto final—, respondió al diario "La Nación", de Buenos Aires, que "de ninguna manera" había sido una derrota, porque el Pontífice nunca propuso una solución concreta, sino que apenas quiso que el asunto fuera debatido con toda franqueza. Además, según él, en la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar, la mayoría de los obispos fue favorable a una apertura y "sólo había un grupo de seis o siete muy fanáticos y algo agresivos, que no representaban ni el 5% del total".

Los debates del sínodo son apenas el comienzo

El director de la centenaria revista mensual "Civiltà Cattolica", el jesuita P. Antonio Spadaro, invitado por el Papa para participar del Sínodo, declaró que "Gracias a la decisión del Pontífice, todos los puntos en disputa siguen siendo 'quaestiones disputandae' [cuestiones abiertas al debate], pero iluminadas por toda la confrontación sinodal. El proceso, pues, queda abierto y exige que se involucre el pueblo de Dios durante todo un año".

A su vez, el cardenal Reinhardt Marx declaró al diario alemán Die Zeit: "Hasta ahora, estas dos cuestiones [comunión para los divorciados vueltos a casar y aceptación de las uniones homosexuales] eran rotundamente no negociables. A pesar de que no han logrado obtener la mayoría de dos tercios, la mayoría [simple] de los padres sinodales votó, no obstante, a favor de ellas. Ellas aún hacen parte del texto. [...] Este Papa abrió las puertas y el resultado de la votación al final del sínodo no va a cambiar eso. [...] Los debates sinodales son solamente el punto de partida. [...] El verdadero trabajo recién está por comenzar".

*     *     *

Las posiciones son por lo tanto irreconciliables. Esto condujo a un conocido columnista católico del "New York Times on Sunday", Ross Douthat, a dar la voz de alarma: a su juicio, a través de este Sínodo sobre la familia, se llevó a la Iglesia al borde de un precipicio. Y si el Sínodo continúa por esa trayectoria —dijo el columnista—, él va a "sembrar la confusión entre los adherentes más ortodoxos de la Iglesia" y podría eventualmenteconducir a "un verdadero cisma". Una hipótesis que ya fue aventada por Mons. Rogelio Ricardo Livieres, obispo de Ciudad del Este, en Paraguay, destituido por no estar en sintonía con el resto del episcopado paraguayo, macizamente solidario con el ex presidente Lugo y la "teología de la liberación".

No cabe duda de que estamos ante un sínodo realmente extraordinario. Bajo todo punto de vista...  



  




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