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«Tesoros de la Fe» Nº 240

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La cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos

Tumba del Papa León XIII (1878-1903) en la basílica de San Juan de Letrán – Foto: P. Fray Lawrence Lew

Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos.

Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia no solo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que “cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, 2-2, q. X, a. 2, q. ad 2). Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos.

Y tanto más se ha de vituperar la desidia de los cristianos cuanto que se puede desvanecer las falsas acusaciones y refutar las opiniones erróneas, ordinariamente con poco trabajo; y, con alguno mayor, siempre. Finalmente, a todos es dado oponer y mostrar aquella fortaleza que es propia de los cristianos, y con la cual no raras veces se quebrantan los bríos de los adversarios y se desbaratan sus planes. Fuera de que el cristiano ha nacido para la lucha, y cuanto esta es más encarnizada, tanto es más segura la victoria con el auxilio de Dios. “Confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Y no oponga nadie que Jesucristo, conservador y defensor de la Iglesia, de ningún modo necesita del auxilio humano porque, no por falta de fuerza, sino por la grandeza de su voluntad, quiere que pongamos alguna cooperación para obtener y alcanzar los frutos de la salvación que Él nos ha conquistado.

 

León XIII, encíclica Sapientiae Christianae, 10 de enero de 1890.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 253 / Enero de 2023

El galeón sumergido
Símbolo de la esperanza

El naufragio del galeón Nuestra Señora de Atocha frente a las costas de Florida, en 1622 (Yeorgos Lampathakis, National Geographic Society)



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Santoral

6 de febrero

Santa Dorotea, Virgen y Mártir

+320, d.C. + Cesarea - Turquía. Presa durante la persecución de Diocleciano (284-305), prefirió morir a renegar su fe.



Hno. Diego de Leyva y Martinez OSA (Ermitaño de Guadalupe)

+(+1645) Perú. Natural de Chilapa, México. Vino al Perú muy joven en 1574, llevando una vida relajada hasta que a causa de un accidente perdió la vista y fue admitido por los agustinos como hermano lego. Rogó ser conducido al Santuario de la Virgen de Guadalupe, en Pacasmayo. Llegó al monasterio de Anlape (antiguo Guadalupe) poco antes del terremoto que devastó la región en 1619. Sobrevivió a la catástrofe y cooperó, a pesar de sus limitaciones, en la edificación del actual santuario. En el huerto del monasterio cultivaba hermosas flores, que luego seleccionaba por colores a pedido de la Virgen, no obstante su ceguera, para adornar su altar. Allí sirvió a su Señora, con abnegación y modestia, hasta su santa muerte.








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