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«Tesoros de la Fe» Nº 96 > Tema “Doctores de la Iglesia”

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San Pedro Canisio

Baluarte anti-protestante




Doctor de la Iglesia, conocido como el «Martillo de los herejes», fue uno de los más destacados líderes de la Contrarreforma católica. Varias naciones de Europa central le deben la perseverancia en la verdadera fe.


Plinio María Solimeo


Natural de Nimega, en Holanda, donde nació el 8 de mayo de 1521, hijo de Jacob Canisio, burgomaestre local, y Egidia van Houweningen, Pedro perdió a su madre cuando tenía dos años. En edad escolar, fue enviado a Colonia para el estudio de artes, derecho civil y teología. A los 19 años recibió el grado de doctor en derecho civil, y fue a Lovaina para estudiar derecho canónico.

Hizo entonces los ejercicios espirituales con el beato Pedro Fabro —el primer discípulo de San Ignacio de Loyola— y decidió dedicar su vida a la evangelización como miembro de la Compañía de Jesús.

El día 8 de mayo de 1543, en Colonia, el beato Fabro lo recibió como novicio. Apenas ordenado sacerdote en 1546, fue juzgado digno de ser nombrado superior. En Colonia, fundó la primera casa de la Compañía de Jesús en tierras alemanas.

En aquella época turbulenta, en que los errores de Lutero contagiaban a un clero y a una sociedad decadentes, el propio arzobispo de Colonia, Hermann von Wied, se sumó a la herejía del monje apóstata e intentó arrastrar al abismo a sus diocesanos, como lamentablemente muchos otros ya lo habían hecho. Pero los diocesanos de Colonia reaccionaron y escogieron al P. Canisio para pedir al Nuncio Apostólico, al emperador Carlos V y al archiduque Fernando de Austria la deposición de ese mal pastor. El Papa excomulgó a Hermann y lo substituyó por un digno prelado.

Brillante acción en el Concilio de Trento

El cardenal Otón Truchsess, obispo de Augsburgo, que conoció entonces al P. Canisio, admirado por su ciencia y virtud, quiso llevarlo al Concilio de Trento como su teólogo. Habiendo consultado a San Ignacio al respecto, éste respondió que la elección no podía haber sido mejor. Aunque tuvo la oportunidad de disertar apenas dos veces en la ilustre asamblea, lo hizo con mucha erudición, causando admiración en los presentes. Con el P. Laínez, teólogo del Papa en el Concilio —después segundo Superior General de los Jesuitas— fue encargado de hacer una relación exacta de los errores de los herejes a respecto de los sacramentos; y de trazar sus reglas definitivas basadas en la Tradición.

Suspendidas las sesiones del Concilio, San Ignacio de Loyola llamó a Roma a Pedro Canisio. Los dos santos tenían necesidad de conocerse personalmente.

Formación de los contrarreformadores

“Todo, en el tiempo de Ignacio, estaba para ser fundado: él necesitaba de maestros capaces de eclipsar a sus rivales heréticos. Se sabe que Lutero debió una parte de su poder a su ardiente elocuencia, a su prodigiosa facilidad para tratar de temas filosóficos y religiosos en su lengua materna. Los discípulos que debían sucederlo en la enseñanza lo imitaban y adquirían muy deprisa ese prestigio que deslumbra a los espíritus débiles. Ignacio formó maestros que superaron rápidamente a los pretendidos reformadores”. 1

Durante cinco meses, el P. Canisio permaneció en la Casa Madre de los Jesuitas en Roma. Después de eso San Ignacio lo envió a enseñar retórica en el colegio de Mesina. Quería el superior poner a prueba su virtud, pues, después de haber brillado en el Concilio, podría pretender una posición más honrosa. Canisio era, sin embargo, de otro temple, y la despretensión fue una de sus virtudes más características. Un año después volvió a Roma, esta vez para pronunciar los votos definitivos.

Rector de la Universidad de Ingolstadt

Fue en esa época que el duque de la Baviera, Guillermo IV, pidió al Papa Paulo III que le enviara algunos profesores de la Compañía de Jesús para enseñar en la universidad de Ingolstadt. San Ignacio escogió para la misión a Canisio, Le Jay y Salmerón, tres de sus más estimados discípulos.

En el camino el P. Canisio pasó por Bolonia, donde recibió el título de Doctor en Teología.


El día 13 noviembre de 1549, los tres jesuitas llegaron a Ingolstadt. Allí, Pedro Canisio enseñó teología, catequizó y predicó. Al año siguiente fue elegido rector de la Universidad. Pero la obediencia lo destinaba a otro campo de actividad. En 1552, San Ignacio lo envió al nuevo colegio de la Compañía, en Viena. La fe peligraba en Austria. No sólo el clero secular y las órdenes religiosas, sino también las escuelas estaban infectadas por los gérmenes de la herejía luterana. Habían ciudades sin pastor, los sacramentos estaban abandonados, no se celebraban ya ceremonias religiosas. En esa triste situación, Canisio se multiplicó por sí mismo, predicando en la corte, al pueblo y a los niños. Durante la peste que asoló al país, predicó la reconversión a Dios y asistió heroicamente a los apestados y a los moribundos.

Para agravar las cosas, el archiduque Maximiliano, hijo mayor de Fernando I, nombró como predicador de la corte a un sacerdote casado y adepto de la seudo-reforma de Lutero. Pedro Canisio reaccionó contra tal situación, escribiendo y tratando del asunto personalmente con el Emperador; y se opuso directamente al hereje en disputas públicas y en sermones. El sacerdote apóstata fue expulsado de la corte, hecho que Maximiliano no perdonará a Canisio.

El Emperador le ofreció la sede vacante de Viena, pero el jesuita rehusó perentoriamente la invitación. En 1555, lo vemos al lado del Emperador en la Dieta de Augsburgo. Ese año y el siguiente predicó en Praga, siendo muy perseguido por los herejes husitas locales.

La Suma de San Pedro Canisio y el catecismo

El emperador Fernando había pedido a San Ignacio un extracto corto y consistente de la doctrina católica, capaz de refutar innumerables panfletos protestantes contra la fe. Canisio fue incumbido de esa tarea, surgiendo la Summa doctrinae christianae. Esta obra y el Catecismo del Concilio de Trento, representarán los dos monumentos del triunfo de la Iglesia sobre la doctrina de Lutero. Fernando divulgó tal Suma por todo su Imperio, y Felipe II, rey de España, la hizo imprimir y distribuir en sus Estados del nuevo y viejo continentes.

De esa suma dice el bienaventurado Papa Pío IX, en el breve de beatificación de Pedro Canisio: “Habiendo notado que la herejía se propagaba por todas partes por medio de pequeños libros, Canisio pensó que no había mejor remedio contra el mal que un buen resumen de la doctrina cristiana. Él compuso entonces el suyo, pero con tanta exactitud, claridad y precisión, que ninguna otra obra es tan propia para instruir a los pueblos en la fe cristiana”. 2

Aún en 1556 abrió colegios de la Compañía en Ingolstadt y Praga, y ese mismo año fue nombrado primer provincial de la Alta Alemania, que abarcaba Suabia, Baviera, Bohemia, Hungría, y la Baja y Alta Austria.

El santo misionero era requerido en todas partes. Durante el invierno de 1556-1557, actuó como representante del Emperador en la Dieta de Ratisbona, en cuya catedral predicó.

Brillantes embates contra el luteranismo

Por decisión de los príncipes católicos y orden del Papa, tomó parte en las discusiones religiosas de Worms con los luteranos, refutando a Melanchthon, discípulo predilecto de Lutero. Fue muy hábil, consiguiendo que los protestantes de diversas sectas se desentendiesen entre sí, y la sesión fue suspendida.

Poco después, predicó y confirmó en la fe a los católicos de Alsacia y de Friburgo. A pedido del duque Alberto V de Baviera, fue a la ciudad de Straubing, cuyos pastores se habían descarriado y recomendado al pueblo que dejasen la fe católica. Durante seis semanas, Pedro Canisio predicó hasta cuatro veces al día. Por su caridad, mansedumbre y santidad, confirmó al pueblo en la fe de sus antepasados.

El Concilio de Trento, Tiziano, 1563 - Museo del Louvre, París


Viajó en seguida a Roma para asistir al primer Capítulo General de su Orden. Allá recibió del Papa la misión de acompañar al Nuncio Apostólico a Polonia, donde los miasmas del protestantismo hacían peligrar la verdadera fe, participando ahí de la Dieta de Piotrkow. Fortalecido por él, el débil rey Segismundo declaró solemnemente que no admitiría que se tocase en nada los derechos de la Iglesia.

Entre tanto, fueron retomadas las sesiones del interrumpido Concilio de Trento. Y tanto el Papa Pío IV cuanto el Emperador y los legados apostólicos juzgaron imprescindible la presencia de Pedro Canisio. En la magna asamblea, él fue encargado de presidir una comisión que iría a revisar el Index, el catálogo de los libros condenados. Como siempre, el santo brilló por su sabia actuación.

Concluido el Concilio en 1563, surgió el problema de hacer que los príncipes alemanes aceptaran sus decisiones. La elección papal recayó nuevamente sobre Pedro Canisio. Nombrado Nuncio Apostólico, fue enviado a Alemania. Después del éxito de su empresa, el nuevo Papa San Pío V le ordenó que participara de la Dieta de Augsburgo, realizada el 24 de marzo de 1566.

Los protestantes de Magdeburgo escribieron un odioso panfleto, repleto de injurias contra la Iglesia y los católicos, llamado Centurias de Magdeburgo. El Papa ordenó al P. Canisio refutarlo. Escribió entonces las Alteraciones de la palabra divina, obra maestra de controversia y apología de la religión católica.

Suiza estaba en peligro. A pedido del Papa, Pedro Canisio se dirigió a aquella nación, llegando a ser el segundo apóstol del país y patrono de Friburgo.

No es posible, en los límites de un breve artículo, seguir toda la gloriosa trayectoria de este celoso hijo de San Ignacio.

Ya en vida fue llamado el Martillo de los herejes, por la constancia con que los refutaba y debido a la fuerza de sus argumentos.

Falleció de una hidropesía larga y dolorosa, el 21 de diciembre de 1597. Por la importancia de sus escritos, fue declarado Doctor de la Iglesia. 3     


Notas.-

1. Les Petits Bollandistes, Vies des Saints d’après le Père Giry, Bloud et Barral, 1882, t. XIV, p. 402.
2. Id., p. 403.
3. También utilizamos como fuente de referencia de este artículo la obra de Otto Braunsberger, in The Catholic Encyclopedia, vol. XI, online edition.





  




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