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«Tesoros de la Fe» Nº 130 > Tema “Confesores de la Fe”

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San Pedro de Alcántara

Sustentáculo de Santa Teresa de Jesús

La madre Teresa de Jesús estaba en la mayor desolación. Degustando los más elevados fenómenos de la vida mística, no era comprendida por sus directores, ni hermanas de hábito, ni por el pueblo en general, porque en la España del siglo XVI el tema religioso era felizmente de interés general. Alertada por todo el mundo, tenía temor de estar siendo víctima de ilusiones y juguete del demonio.

Entre tanto, fray Pedro de Alcántara tuvo que ir a Ávila. En las primeras palabras intercambiadas con la carmelita, no sólo confirmó el origen divino de sus apariciones sino que la incentivó a desplegar las velas a la acción del divino Espíritu Santo.

Cuando la santa enfrentó la más terrible oposición a su proyecto de reforma, él fue su gran aliado, allanando los obstáculos y llevándola a la victoria.

Entre los dos santos se estableció una amistad divina, que no terminó con la muerte de fray Pedro, profetizada por ella un año antes.

“Le he visto muchas veces con grandísima gloria”, escribe Santa Teresa. Y “ha sido el Señor servido yo tenga más ayuda de él que en vida”.

Una afirmación que es un incentivo para que seamos más devotos de este gran santo: “Me dijo una vez el Señor que no le pedirían cosa en su nombre que no la oyese. Muchas que le he encomendado pida [por mí] al Señor, las he visto cumplidas”.5

¡Bendita penitencia que me valió tan grande gloria!

Hacía tiempo que fray Pedro de Alcántara vivía prácticamente de milagro, consumido por las penitencias, ayunos y trabajos. Devorado por una fiebre y contrariando sus hábitos, aceptó un asno para ir hasta Ávila en socorro de la Madre Teresa, que encontraba nuevas dificultades para la fundación del su primer monasterio reformado.

La Aparición de San Pedro de Alcántara a Santa Teresa de Jesús

Con un compañero, pararon cerca de una hospedería. Con todas las incomodidades de la fiebre, el santo se estiró en el suelo, colocando el manto doblado sobre una piedra para servirle de almohada. En eso surgió la hospedera, injuriándolos a gritos porque el asno entró en su huerta, devorando algunas coles. Viendo que el fraile se mostraba insensible a las injurias, la airada mujer le jaló el manto colocado debajo de la cabeza. Ésta golpeó violentamente en la piedra, causando profunda herida.

Mal momento escogió la mujer, pues en ese instante llegó un hidalgo para encontrarse con fray Pedro, de quien tenía un concepto de verdadero santo. Viéndole con la cabeza sangrando, se indignó contra la perversa, ordenando incontinenti a sus hombres que prendiesen fuego a la hospedería y pasasen por la espada a sus moradores. Fue necesario que fray Pedro usase de todo su don de persuasión para evitar la catástrofe.

Sintiendo que su fin llegaba, fray Pedro pidió que lo llevasen al convento de Arenas, donde saludó a la muerte con el salmo: “Me llena de alegría el saber que voy a la casa del Señor”. Asistido por Nuestra Señora y San Juan Evangelista, entregó su bella alma a Dios el día 18 de octubre de 1562, a los 63 años.

“¡Y qué bueno nos le llevó Dios ahora en el bendito fray Pedro de Alcántara!”, exclamó Santa Teresa. “No está ya el mundo para sufrir tanta perfección”.6

Gregorio XV lo beatificó en 1622, y Clemente IX lo elevó a la honra de los altares en 1669.


Notas.-

1. Fray Stefano Giuseppe Piat  O.F.M., San Pedro de Alcántara, Patrono del Brasil, Editora Vozes, Petrópolis, 1962, p. 13. Los trechos que vienen entre comillas y sin citación, corresponden de esta obra.
2. Fray Justo Pérez de Urbel  O.S.B., Año Cristiano, Ediciones Fax, Madrid, 3ª edición, 1945, t. IV, p. 148.
3. Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, Monte Carmelo, Burgos, 1999, p. 295.
4. Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, d’après le P. Giry, por Mgr. Paul Guérin, Bloud et Barral, París, 1882, t. XII, p. 461.
5. Santa Teresa de Jesús, op. cit., p. 296.
6. Idem. ibid., p. 294.



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