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«Tesoros de la Fe» Nº 15 > Tema “El Símbolo de los Apóstoles”

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Primer artículo del Credo - I

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra

 

Estas palabras quieren decir: «Creo» con toda seguridad y sin ninguna vacilación confieso a Dios Padre, la primera Persona de la Santísima Trinidad, que en virtud de su omnipotencia creó de la nada el propio cielo y la tierra, y todo lo que en sus dimensiones está contenido; que sustenta y gobierna todas las cosas creadas. Y no sólo de corazón lo creo, y de boca lo confieso, sino que con el mayor afecto y piedad filial a Él me entrego, por ser el sumo y perfecto bien.

En este lugar, la palabra ‘creo’ no tiene el significado de ‘pensar’, ‘juzgar’, ‘opinar’. Conforme la doctrina de la Sagrada Escritura, significa una adhesión absolutamente segura, por la cual la inteligencia acepta, con firmeza y constancia, los misterios que Dios le manifiesta. Sólo cree propiamente quien esta seguro de alguna verdad, sin la menor duda. Quien dice ‘creo’ expresa la íntima aquiescencia del alma, que es el acto interior de la fe. Sin embargo, haciendo pública profesión debe exteriorizar la fe que lleva en el alma y manifestarla con la mayor expansión de alegría («Catecismo Romano», Ed. Vozes, Petrópolis, 1962, p. 77).

 

Dios cuida del mundo y de todas las cosas que creó y las gobierna con su infinita bondad y sabiduría

De Dios Padre y de la Creación

Sabemos que hay Dios porque la razón lo demuestra y la fe lo confirma. Dios es Padre: 1° Porque es Padre, por naturaleza, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que es el Hijo engendrado por Él. 2° Porque Dios es Padre de todos los hombres que Él ha creado, conserva y gobierna. 3° Porque, finalmente, es Padre por gracia de todos los buenos cristianos, que por esto se llaman hijos de Dios adoptivos.

El Padre es la primera Persona de la Santísima Trinidad porque no procede de otra persona, sino que es el principio de las otras dos Personas, que son el Hijo y el Espíritu Santo.

Todopoderoso quiere decir que Dios puede hacer todo cuanto quiere. Dios todo lo puede, aunque no pueda pecar ni morir, porque el pecar o morir no es efecto de potencia, sino de flaqueza, la cual no puede hallarse en Dios, que es perfectísimo.

Crear es hacer de nada algo; por esto se dice Creador del cielo y de la tierra, porque hizo de nada el cielo y la tierra y cuanto en el cielo y en la tierra se contiene.

El mundo fue creado igualmente por las tres divinas Personas, porque todo cuanto hace una Persona respecto de las criaturas, lo hacen con el mismo acto las otras dos.

La Creación se atribuye particularmente al Padre porque es efecto de la divina Omnipotencia, la cual se atribuye especialmente al Padre, como la sabiduría al Hijo y la bondad al Espíritu Santo, aunque las tres divinas Personas tienen la misma omnipotencia, sabiduría y bondad.

Dios tiene cuidado del mundo y de todas las cosas que ha creado, las conserva y gobierna con su infinita bondad y sabiduría, y nada sucede acá abajo sin que Dios lo quiera o lo permita, porque hay cosas que Dios quiere y manda y otras que no las impide, como es el pecado.

Dios no impide el pecado, porque aun del abuso que el hombre hace de la libertad que Él le dio, sabe sacar bien y hacer que brille más y más su misericordia o su justicia (Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 8-9).     





  




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Tesoros de la Fe


Nº 232 / Abril de 2021

Santo Toribio de Mogrovejo
Gloria de la Iglesia y del Perú

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, Anónimo – Óleo sobre tela, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires



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16 de abril

Santa Bernardita de Soubirous

+1879 + Nevers - Francia. Nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Santísima Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Nuestra Señora le dijo: "No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra". El 16 de abril de 1879, exclamó emocionada: "Yo vi la Virgen. Sí, la vi, la vi ¡Que hermosa era!" Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada: "Ruega Señora por esta pobre pecadora", y apretando el crucifijo sobre su corazón se quedó muerta. Tenía apenas 35 años.

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